Evangelio de Marcos - Capítulo 9


[1] Y les decía: «Les aseguro que algunos de los que están aquí presentes no morirán antes de haber visto que el Reino de Dios ha llegado con poder». [2] Seis días después, Jesús tomó a Pedro, Santiago y Juan, y los llevó a ellos solos a un monte elevado. Allí se transfiguró en presencia de ellos. [3] Sus vestiduras se volvieron resplandecientes, tan blancas como nadie en el mundo podría blanquearlas. [4] Y se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús. [5] Pedro dijo a Jesús: «Maestro, ¡qué bien estamos aquí! Hagamos tres carpas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías». [6] Pedro no sabía qué decir, porque estaban llenos de temor. [7] Entonces una nube los cubrió con su sombra, y salió de ella una voz: «Este es mi Hijo muy querido, escúchenlo». [8] De pronto miraron a su alrededor y no vieron a nadie, sino a Jesús solo con ellos. [9] Mientras bajaban del monte, Jesús les prohibió contar lo que habían visto, hasta que el Hijo del hombre resucitara de entre los muertos. [10] Ellos cumplieron esta orden, pero se preguntaban qué significaría «resucitar de entre los muertos». [11] Y le hicieron esta pregunta: «¿Por qué dicen los escribas que antes debe venir Elías?». [12] Jesús les respondió: «Sí, Elías debe venir antes para restablecer el orden en todo. Pero, ¿no dice la Escritura que el Hijo del hombre debe sufrir mucho y ser despreciado? [13] Les aseguro que Elías ya ha venido e hicieron con él lo que quisieron, como estaba escrito». [14] Cuando volvieron a donde estaban los otros discípulos, los encontraron en medio de una gran multitud, discutiendo con algunos escribas. [15] En cuanto la multitud distinguió a Jesús, quedó asombrada y corrieron a saludarlo. [16] Él les preguntó: «¿Sobre qué estaban discutiendo?». [17] Uno de ellos le dijo: «Maestro, te he traído a mi hijo, que está poseído de un espíritu mudo. [18] Cuando se apodera de él, lo tira al suelo y le hace echar espuma por la boca; entonces le crujen sus dientes y se queda rígido. Le pedí a tus discípulos que lo expulsaran pero no pudieron». [19] «Generación incrédula, respondió Jesús, ¿hasta cuándo estaré con ustedes? ¿Hasta cuándo tendré que soportarlos? Tráiganmelo». [20] Y ellos se lo trajeron. En cuanto vio a Jesús, el espíritu sacudió violentamente al niño, que cayó al suelo y se revolcaba, echando espuma por la boca. [21] Jesús le preguntó al padre: «¿Cuánto tiempo hace que está así?». «Desde la infancia, le respondió, [22] y a menudo lo hace caer en el fuego o en el agua para matarlo. Si puedes hacer algo, ten piedad de nosotros y ayúdanos». [23] «¡Si puedes...!», respondió Jesús. «Todo es posible para el que cree». [24] Inmediatamente el padre del niño exclamó: «Creo, ayúdame porque tengo poca fe». [25] Al ver que llegaba más gente, Jesús increpó al espíritu impuro, diciéndole: «Espíritu mudo y sordo, yo te lo ordeno, sal de él y no vuelvas más». [26] El demonio gritó, sacudió violentamente al niño y salió de él, dejándolo como muerto, tanto que muchos decían: «Está muerto». [27] Pero Jesús, tomándolo de la mano, lo levantó, y el niño se puso de pie. [28] Cuando entró en la casa y quedaron solos, los discípulos le preguntaron: «¿Por qué nosotros no pudimos expulsarlo?». [29] Él les respondió: «Esta clase de demonios se expulsa sólo con la oración». [30] Al salir de allí atravesaron la Galilea; Jesús no quería que nadie lo supiera, [31] porque enseñaba y les decía: «El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres; lo matarán y tres días después de su muerte, resucitará». [32] Pero los discípulos no comprendían esto y temían hacerle preguntas. [33] Llegaron a Cafarnaún y, una vez que estuvieron en la casa, les preguntó: «¿De qué hablaban en el camino?». [34] Ellos callaban, porque habían estado discutiendo sobre quién era el más grande. [35] Entonces, sentándose, llamó a los Doce y les dijo: «El que quiere ser el primero, debe hacerse el último de todos y el servidor de todos». [36] Después, tomando a un niño, lo puso en medio de ellos y, abrazándolo, les dijo: [37] «El que recibe a uno de estos pequeños en mi Nombre, me recibe a mí, y el que me recibe, no es a mí al que recibe, sino a aquel que me ha enviado». [38] Juan le dijo: «Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu Nombre, y tratamos de impedírselo porque no es de los nuestros». [39] Pero Jesús les dijo: «No se lo impidan, porque nadie puede hacer un milagro en mi Nombre y luego hablar mal de mí. [40] Y el que no está contra nosotros, está con nosotros. [41] Les aseguro que no quedará sin recompensa el que les dé de beber un vaso de agua por el hecho de que ustedes pertenecen a Cristo. [42] Si alguien llegara a escandalizar a uno de estos pequeños que creen en mí, sería preferible para él que le ataran al cuello una piedra de moler y lo arrojaran al mar. [43] Si tu mano es para ti ocasión de pecado, córtala, porque más te vale entrar en la Vida manco, que ir con tus dos manos a la Gehena, al fuego inextinguible. [44] Y si tu pie es para ti ocasión de pecado, córtalo, [45] porque más te vale entrar lisiado en la Vida, que ser arrojado con tus dos pies a la Gehena. [46] Y si tu ojo es para ti ocasión de pecado, arráncalo, [47] porque más te vale entrar con un solo ojo en el Reino de Dios, que ser arrojado con tus dos ojos a la Gehena, [48] donde el gusano no muere y el fuego no se apaga. [49] Porque cada uno será salado por el fuego. [50] La sal es una cosa excelente, pero si se vuelve insípida, ¿con qué la volverán a salar? Que haya sal en ustedes mismos y vivan en paz unos con otros».

¡Bendiciones!


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