Evangelio de Marcos - Capítulo 3
[1] Jesús entró nuevamente en una sinagoga, y había allí un hombre que tenía una mano paralizada. [2] Los fariseos observaban atentamente a Jesús para ver si lo curaba en sábado, con el fin de acusarlo. [3] Jesús dijo al hombre de la mano paralizada: «Ven y colócate aquí delante». [4] Y les dijo: «¿Está permitido en sábado hacer el bien o el mal, salvar una vida o perderla?». Pero ellos callaron. [5] Entonces, dirigiendo sobre ellos una mirada llena de indignación y apenado por la dureza de sus corazones, dijo al hombre: «Extiende tu mano». Él la extendió y su mano quedó curada. [6] Los fariseos salieron y se confabularon con los herodianos para buscar la forma de acabar con él. [7] Jesús se retiró con sus discípulos a la orilla del mar, y lo siguió mucha gente de Galilea. [8] Al enterarse de lo que hacía, también fue a su encuentro una gran multitud de Judea, de Jerusalén, de Idumea, de la Transjordania y de la región de Tiro y Sidón. [9] Entonces mandó a sus discípulos que le prepararan una barca, para que la muchedumbre no lo apretujara. [10] Porque, como curaba a muchos, todos los que padecían algún mal se arrojaban sobre él para tocarlo. [11] Y los espíritus impuros, apenas lo veían, se tiraban a sus pies, gritando: «¡Tú eres el Hijo de Dios!». [12] Pero Jesús les ordenaba terminantemente que no lo pusieran de manifiesto. [13] Después subió a la montaña y llamó a su lado a los que quiso. Ellos fueron hacia él, [14] y Jesús instituyó a Doce para que estuvieran con él, y para enviarlos a predicar [15] con el poder de expulsar a los demonios. [16] Así instituyó a los Doce: Simón, al que puso el sobrenombre de Pedro; [17] Santiago, hijo de Zebedeo, y Juan, hermano de Santiago, a los que dio el nombre de Boanerges, es decir, hijos del trueno; [18] luego, Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago, hijo de Alfeo, Tadeo, Simón, el Cananeo, [19] y Judas Iscariote, el mismo que lo entregó. [20] Jesús regresó a la casa, y de nuevo se juntó tanta gente que ni siquiera podían comer. [21] Cuando sus parientes se enteraron, salieron para llevárselo, porque decían: «Es un exaltado». [22] Los escribas que habían venido de Jerusalén decían: «Está poseído por Belzebul y expulsa a los demonios por el poder del Príncipe de los demonios». [23] Jesús los llamó y por medio de comparaciones les explicó: «¿Cómo Satanás va a expulsar a Satanás? [24] Un reino donde hay luchas internas no puede subsistir. [25] Y una familia dividida tampoco puede subsistir. [26] Por lo tanto, si Satanás se dividió, levantándose contra sí mismo, ya no puede subsistir, sino que ha llegado a su fin. [27] Pero nadie puede entrar en la casa de un hombre fuerte y saquear sus bienes, si primero no lo ata. Sólo así podrá saquear la casa. [28] Les aseguro que todo será perdonado a los hombres: todos los pecados y cualquier blasfemia que profieran. [29] Pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo, no tendrá perdón jamás: es culpable de pecado para siempre». [30] Jesús dijo esto porque ellos decían: «Está poseído por un espíritu impuro». [31] Entonces llegaron su madre y sus hermanos y, quedándose afuera, lo mandaron llamar. [32] La multitud estaba sentada alrededor de Jesús, y le dijeron: «Tu madre y tus hermanos te buscan ahí afuera». [33] Él les respondió: «¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?». [34] Y dirigiendo su mirada sobre los que estaban sentados alrededor de él, dijo: «Éstos son mi madre y mis hermanos. [35] Porque el que hace la voluntad de Dios, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre».
¡Bendiciones!