Evangelio de Mateo - Capítulo 17

[1] Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los llevó aparte a un monte elevado. [2] Allí se transfiguró en presencia de ellos: su rostro resplandecía como el sol y sus vestiduras se volvieron blancas como la luz. [3] De pronto se les aparecieron Moisés y Elías, hablando con Jesús. [4] Pedro dijo a Jesús: «Señor, ¡qué bien estamos aquí! Si quieres, levantaré aquí mismo tres carpas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías». [5] Todavía estaba hablando, cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y se oyó una voz que decía desde la nube: «Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta mi predilección: escúchenlo». [6] Al oír esto, los discípulos cayeron con el rostro en tierra, llenos de temor. [7] Jesús se acercó a ellos y, tocándolos, les dijo: «Levántense, no tengan miedo». [8] Cuando alzaron los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús solo. [9] Mientras bajaban del monte, Jesús les ordenó: «No hablen a nadie de esta visión, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos». [10] Entonces los discípulos le preguntaron: «¿Por qué dicen los escribas que primero debe venir Elías?». [11] Él respondió: «Sí, Elías debe venir a poner en orden todas las cosas; [12] pero les aseguro que Elías ya ha venido, y no lo han reconocido, sino que hicieron con él lo que quisieron. Y también harán padecer al Hijo del hombre». [13] Los discípulos comprendieron entonces que Jesús se refería a Juan el Bautista. [14] Cuando se reunieron con la multitud, se le acercó un hombre y, cayendo de rodillas, [15] le dijo: «Señor, ten piedad de mi hijo, que es epiléptico y está muy mal: frecuentemente cae en el fuego y también en el agua. [16] Yo lo llevé a tus discípulos, pero no lo pudieron curar». [17] Jesús respondió: «¡Generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo estaré con ustedes? ¿Hasta cuándo tendré que soportarlos? Tráiganmelo aquí». [18] Jesús increpó al demonio, y este salió del niño, que desde aquel momento quedó curado. [19] Los discípulos se acercaron entonces a Jesús y le preguntaron en privado: «¿Por qué nosotros no pudimos expulsarlo?». [20] «Porque ustedes tienen poca fe, les dijo. Les aseguro que si tuvieran fe del tamaño de un grano de mostaza, dirían a esta montaña: "Trasládate de aquí a allá", y la montaña se trasladaría; y nada sería imposible para ustedes». [22] Mientras estaban reunidos en Galilea, Jesús les dijo: «El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres: [23] lo matarán y al tercer día resucitará». Y ellos quedaron muy apenados. [24] Al llegar a Cafarnaún, los cobradores del impuesto del Templo se acercaron a Pedro y le preguntaron: «¿El Maestro de ustedes no paga el impuesto?». [25] «Sí, lo paga», respondió. Cuando Pedro llegó a la casa, Jesús se adelantó a preguntarle: «¿Qué te parece, Simón? ¿De quiénes perciben los impuestos y las tasas los reyes de la tierra, de sus hijos o de los extraños?». [26] Y como Pedro respondió: «De los extraños», Jesús le dijo: «Eso quiere decir que los hijos están exentos. [27] Sin embargo, para no escandalizar a esta gente, ve al lago, echa el anzuelo, toma el primer pez que salga y ábrele la boca. Encontrarás en ella una moneda de plata: tómala, y paga por mí y por ti».

¡Bendiciones!

Fuente Biblia

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