Evangelio de Lucas - Capítulo 12


[1] Mientras tanto se reunieron miles de personas, hasta el punto de atropellarse unos a otros. Jesús comenzó a decir, dirigiéndose primero a sus discípulos: «Cuídense de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía. [2] No hay nada oculto que no deba ser revelado, ni nada secreto que no deba ser conocido. [3] Por eso, todo lo que ustedes han dicho en la oscuridad, será escuchado en pleno día; y lo que han hablado al oído, en las habitaciones más ocultas, será proclamado desde lo alto de las casas. [4] A ustedes, mis amigos, les digo: No teman a los que matan el cuerpo y después no pueden hacer nada más. [5] Yo les indicaré a quién deben temer: teman a aquel que, después de matar, tiene el poder de arrojar a la Gehena. Sí, les repito, teman a ese. [6] ¿No se venden acaso cinco pájaros por dos monedas? Sin embargo, Dios no olvida a ninguno de ellos. [7] Ustedes tienen contados todos sus cabellos: no teman, porque valen más que muchos pájaros. [8] Les aseguro que a aquel que me reconozca abiertamente delante de los hombres, el Hijo del hombre lo reconocerá ante los ángeles de Dios. [9] Pero el que no me reconozca delante de los hombres, no será reconocido ante los ángeles de Dios. [10] Al que diga una palabra contra el Hijo del hombre, se le perdonará; pero al que blasfeme contra el Espíritu Santo, no se le perdonará. [11] Cuando los lleven ante las sinagogas, ante los magistrados y las autoridades, no se preocupen de cómo se van a defender o qué van a decir, [12] porque el Espíritu Santo les enseñará en ese momento lo que deban decir». [13] Uno de la multitud le dijo: «Maestro, dile a mi hermano que comparta conmigo la herencia». [14] Jesús le respondió: «Amigo, ¿quién me ha constituido juez o árbitro entre ustedes?». [15] Después les dijo: «Cuídense de toda avaricia, porque aun en medio de la abundancia, la vida de un hombre no está asegurada por sus riquezas». [16] Les dijo entonces una parábola: «Había un hombre rico, cuyas tierras habían producido mucho, [17] y se preguntaba a sí mismo: "¿Qué voy a hacer? No tengo dónde guardar mi cosecha". [18] Después pensó: "Voy a hacer esto: demoleré mis graneros, construiré otros más grandes y amontonaré allí todo mi trigo y mis bienes, [19] y diré a mi alma: Alma mía, tienes bienes almacenados para muchos años; descansa, come, bebe y date buena vida". [20] Pero Dios le dijo: "Insensato, esta misma noche vas a morir. ¿Y para quién será lo que has amontonado?". [21] Ésto es lo que sucede al que acumula riquezas para sí, y no es rico a los ojos de Dios». [22] Después dijo a sus discípulos: «Por eso les digo: No se inquieten por la vida, pensando qué van a comer, ni por el cuerpo, pensando con qué se van a vestir. [23] Porque la vida vale más que la comida, y el cuerpo más que el vestido. [24] Fíjense en los cuervos: no siembran ni cosechan, no tienen despensa ni granero, y Dios los alimenta. ¡Cuánto más valen ustedes que los pájaros! [25] ¿Y quién de ustedes, por mucho que se inquiete, puede añadir un instante al tiempo de su vida? [26] Si aun las cosas más pequeñas superan sus fuerzas, ¿por qué se inquietan por las otras? [27] Fíjense en los lirios: no hilan ni tejen; sin embargo, les aseguro que ni Salomón, en el esplendor de su gloria, se vistió como uno de ellos. [28] Si Dios viste así a la hierba, que hoy está en el campo y mañana es echada al fuego, ¡cuánto más hará por ustedes, hombres de poca fe! [29] Tampoco tienen que preocuparse por lo que van a comer o beber; no se inquieten, [30] porque son los paganos de este mundo los que van detrás de esas cosas. El Padre sabe que ustedes las necesitan. [31] Busquen más bien su Reino, y lo demás se les dará por añadidura. [32] No temas, pequeño Rebaño, porque el Padre de ustedes ha querido darles el Reino. [33] Vendan sus bienes y denlos como limosna. Háganse bolsas que no se desgasten y acumulen un tesoro inagotable en el cielo, donde no se acerca el ladrón ni destruye la polilla. [34] Porque allí donde tengan su tesoro, tendrán también su corazón. [35] Estén preparados, ceñidos y con las lámparas encendidas. [36] Sean como los hombres que esperan el regreso de su señor, que fue a una boda, para abrirle apenas llegue y llame a la puerta. [37] ¡Felices los servidores a quienes el señor encuentra velando a su llegada! Les aseguro que él mismo recogerá su túnica, los hará sentar a la mesa y se pondrá a servirlos. [38] ¡Felices ellos, si el señor llega a medianoche o antes del alba y los encuentra así! [39] Entiéndanlo bien: si el dueño de casa supiera a qué hora va a llegar el ladrón, no dejaría perforar las paredes de su casa. [40] Ustedes también estén preparados, porque el Hijo del hombre llegará a la hora menos pensada». [41] Pedro preguntó entonces: «Señor, ¿esta parábola la dices para nosotros o para todos?». [42] El Señor le dijo: «¿Cuál es el administrador fiel y previsor, a quien el Señor pondrá al frente de su personal para distribuirle la ración de trigo en el momento oportuno? [43] ¡Feliz aquel a quien su señor, al llegar, encuentre ocupado en este trabajo! [44] Les aseguro que lo hará administrador de todos sus bienes. [45] Pero si este servidor piensa: "Mi señor tardará en llegar", y se dedica a golpear a los servidores y a las sirvientas, y se pone a comer, a beber y a emborracharse, [46] su señor llegará el día y la hora menos pensada, lo castigará y le hará correr la misma suerte que los infieles. [47] El servidor que, conociendo la voluntad de su señor, no tuvo las cosas preparadas y no obró conforme a lo que él había dispuesto, recibirá un castigo severo. [48] Pero aquel que sin saberlo, se hizo también culpable, será castigado menos severamente. Al que se le dio mucho, se le pedirá mucho; y al que se le confió mucho, se le reclamará mucho más. [49] Yo he venido a traer fuego sobre la tierra, ¡y cómo desearía que ya estuviera ardiendo! [50] Tengo que recibir un bautismo, ¡y qué angustia siento hasta que esto se cumpla plenamente! [51] ¿Piensan ustedes que he venido a traer la paz a la tierra? No, les digo que he venido a traer la división. [52] De ahora en adelante, cinco miembros de una familia estarán divididos, tres contra dos y dos contra tres: [53] el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra». [54] Dijo también a la multitud: «Cuando ven que una nube se levanta en occidente, ustedes dicen en seguida que va a llover, y así sucede. [55] Y cuando sopla viento del sur, dicen que hará calor, y así sucede. [56] ¡Hipócritas! Ustedes saben discernir el aspecto de la tierra y del cielo; ¿cómo entonces no saben discernir el tiempo presente? [57] ¿Por qué no juzgan ustedes mismos lo que es justo? [58] Cuando vas con tu adversario a presentarte ante el magistrado, trata de llegar a un acuerdo con él en el camino, no sea que el adversario te lleve ante el juez, y el juez te entregue al guardia, y este te ponga en la cárcel. [59] Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo».

¡Bendiciones!


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