Evangelio de Lucas - Capítulo 17
[1] Después dijo a sus discípulos: «Es inevitable que haya escándalos, pero ¡ay de aquel que los ocasiona! [2] Más le valdría que le ataran al cuello una piedra de moler y lo precipitaran al mar, antes que escandalizar a uno de estos pequeños. [3] Por lo tanto, ¡tengan cuidado! Si tu hermano peca, repréndelo, y si se arrepiente, perdónalo. [4] Y si peca siete veces al día contra ti, y otras tantas vuelve a ti, diciendo: "Me arrepiento", perdónalo». [5] Los Apóstoles dijeron al Señor: «Auméntanos la fe». [6] Él respondió: «Si ustedes tuvieran fe del tamaño de un grano de mostaza, y dijeran a esa morera que está ahí: "Arráncate de raíz y plántate en el mar", ella les obedecería. [7] Supongamos que uno de ustedes tiene un servidor para arar o cuidar el ganado. Cuando este regresa del campo, ¿acaso le dirá: "Ven pronto y siéntate a la mesa"? [8] ¿No le dirá más bien: "Prepárame la cena y recógete la túnica para servirme hasta que yo haya comido y bebido, y tú comerás y beberás después"? [9] ¿Deberá mostrarse agradecido con el servidor porque hizo lo que se le mandó? [10] Así también ustedes, cuando hayan hecho todo lo que se les mande, digan: "Somos simples servidores, no hemos hecho más que cumplir con nuestro deber"». [11] Mientras se dirigía a Jerusalén, Jesús pasaba a través de Samaría y Galilea. [12] Al entrar en un poblado, le salieron al encuentro diez leprosos, que se detuvieron a distancia [13] y empezaron a gritarle: «¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros!». [14] Al verlos, Jesús les dijo: «Vayan a presentarse a los sacerdotes». Y en el camino quedaron purificados. [15] Uno de ellos, al comprobar que estaba curado, volvió atrás alabando a Dios en voz alta [16] y se arrojó a los pies de Jesús con el rostro en tierra, dándole gracias. Era un samaritano. [17] Jesús le dijo entonces: «¿Cómo, no quedaron purificados los diez? Los otros nueve, ¿dónde están? [18] ¿Ninguno volvió a dar gracias a Dios, sino este extranjero?». [19] Y agregó: «Levántate y vete, tu fe te ha salvado». [20] Los fariseos le preguntaron cuándo llegaría el Reino de Dios. Él les respondió: «El Reino de Dios no viene ostensiblemente, [21] y no se podrá decir: "Está aquí" o "Está allí". Porque el Reino de Dios está entre ustedes». [22] Jesús dijo después a sus discípulos: «Vendrá el tiempo en que ustedes desearán ver uno solo de los días del Hijo del hombre y no lo verán. [23] Les dirán: "Está aquí" o "Está allí", pero no corran a buscarlo. [24] Como el relámpago brilla de un extremo al otro del cielo, así será el Hijo del hombre cuando llegue su Día. [25] Pero antes tendrá que sufrir mucho y será rechazado por esta generación. [26] En los días del Hijo del hombre sucederá como en tiempos de Noé. [27] La gente comía, bebía y se casaba, hasta el día en que Noé entró en el arca y llegó el diluvio, que los hizo morir a todos. [28] Sucederá como en tiempos de Lot: se comía y se bebía, se compraba y se vendía, se plantaba y se construía. [29] Pero el día en que Lot salió de Sodoma, cayó del cielo una lluvia de fuego y de azufre que los hizo morir a todos. [30] Lo mismo sucederá el Día en que se manifieste el Hijo del hombre. [31] En ese Día, el que esté en la azotea y tenga sus cosas en la casa, no baje a buscarlas. Igualmente, el que esté en el campo, no vuelva atrás. [32] Acuérdense de la mujer de Lot. [33] El que trate de salvar su vida, la perderá; y el que la pierda, la conservará. [34] Les aseguro que en esa noche, de dos hombres que estén comiendo juntos, uno será llevado y el otro dejado; [35] de dos mujeres que estén moliendo juntas, una será llevada y la otra dejada». [36] Entonces le preguntaron: «¿Dónde sucederá esto, Señor?». [37] Jesús les respondió: «Donde esté el cadáver, se juntarán los buitres».
¡Bendiciones!